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VALENCIA, VALENCIA, Spain

viernes, 15 de agosto de 2014




Aún no llegas.


Hoy, he decidido escribirte una carta.
Pesaba en mí tu llegada.
Tanto, tanto, tanto.

Hoy, como tantos días.
Te espero. Abrazarte pudiera mi deseo.
Sentirte pudiera ser realidad.

Hoy, quiero enseñarte.
Para que mañana puedas sentirme.
Como hoy te siento yo.

Amor, hoy he querido atraerte.
El viento lleve, si quiere, mis palabras.
Y tú, si quieres puedas escucharlas.

Hoy, he querido escribirte una carta.
Sentirte, enseñarte, besarte.

¡Hoy!  Para que me ames hoy.

Fabius.-

miércoles, 6 de agosto de 2014

Se me antoja.


Se me antoja pensar.
Mi cuerpo, mar embravecido.
Agitado, por las olas al pasar.
Tempestad! Más aún adormecido.

Se me antoja creer.
Mis ojos, como dos luces brillantes.
Que aún quieren sorprender,
que aún, se muestran palpitantes.

Se me antoja sentir.
Mi corazón entumecido.
Que ha soportado el sufrir.
Que ha preferido el olvido.

Se me antoja soñar.
Mi vida, cual tronco erguido.
Que no ha podido talar,
quien lo ha deseado tendido.

Se me antoja brillar.
Cual lucero errante,
surcando aquel lejano mar,
que aún sigue vibrante.

Se me antoja sentirte.
En mis profundidades soñarte.
¡Y perecer contigo en el mar!


Fabius.-

viernes, 16 de noviembre de 2012

El instante.

El instante.


Vuela! Le dijo una paloma al viento.
Yo estoy tendida en el suelo.

Siente! Grito su alma extenuada.
Yo estoy frágil e inerte.

Grita! Quedó el deseo en su pecho.
Su cuerpo yace sin vida.



Fabius.-

lunes, 12 de marzo de 2012

No escondas tu llanto



No escondas tu llanto, no lo entierres.
Deja que la gente sepa del dolor que sufres.
Permite que el aire refresque tus mejillas
al contacto con tu lágrima.
Mira el cielo matinal
y deja que refugie tu desdicha y sufrimiento.

No escondas tu llanto, no lo mates.
No intentes aplacar el galope de tu pecho.
No quieras darle prisa a unas piernas ya cansadas.
Ni permanezcas andando cuando tu sentir sienta apatía.


Sentada al sol pareciera que la pena se disipa.
Quizás ver la gente pasar te distraiga de tu amargura.
El suelo es frío. Tus pies pueden sentir su helor a cada paso.
En tu gélido andar, el suelo parece darle calor a tu caída.

No dejes de soñar, te corresponde.
Qué queda más que sueños de algún día.
Qué mal puede haber en tu esperanza,
cuando sólo sueños yacen en las arcas de tu vida.

No escondas tu llanto, no lo entierres.
Deja que vuele libre, es su necesidad, su ánimo invencible.
Él no sabe de acallar su acometida.
Es tenaz, implacable.
Aún puedes alegrarte.¡Estas viva!

Fabius.-

jueves, 16 de febrero de 2012



La hierba del veintiuno.


Si bastara un crepúsculo, un amanecer
para limpiar la tormenta que
sobre la hierba se cierne.

Hierba vigorosa, sin impedimentos
mas que, aquellos propios y exultantes.
Podría, quizás, tocar el cielo con su risa.

Pero la hierba del veintiuno es rala, débil e inconstante.
Los nubarrones impiden su fluorescencia.
Es más ardua la tarea, aún, más glorioso el alcance.

Podría percibir, si se estremeciera, algún rayo que la acoja.
Podría izarse erguida, si se esforzara ¡y romper!
su manera de pensarse cautelosa.

Un crepúsculo, un amanecer la esperan.
Pequeño tironeo entre aquello más allá
y aquello más adentro.

Su raleza, su pertinaz grandilocuencia
hacen de su trayecto un escarpado,
un incesante andar en titubeos.

¡Ay si se decidiera a suavizar su tendencia!

Podría sentirse como germinada entre algodones.
Suaves, contemplativos, generosos.
Podría dejarle llegar hasta el cielo.


Fabius.

lunes, 13 de febrero de 2012


A Mario Benedetti

Verle a la distancia.
Una mirada que me llena.
Una mirada que me inunda.
Una mirada que me sueña.

Porque a pesar de las distancias.
A pesar del infranqueable paso del tiempo.
¡Le recuerdo!
Mirarle es verlo hoy, verle en sus versos.

Será porque es el ayer.
¡Porque le siento en mi piel y en mis huesos!
Será porque no me ha visto, nunca,
ni yo a usted, aunque resuenan sus ecos.

Será porque su canto a la mujer
ha hecho de mis ojos tormenta,
ha hecho de mi pecho una orquesta
y de mi corazón, esponja de sus letras.

Mirarle es más que decir ver ternura.
Es ver aire, es ver lluvia, es ver.
Es querer acompañarle, aplaudirle.
Decirle cosas como: leerle me hace libre.

Y es como ver el cielo
límpido, raso, rotundo.
Porque no hace falta ser Bécquer para saberse poeta
sino, creerse paloma y saberse amar en las letras.

____________

Entre tanta lejanía, de usted, de mi tierra.
Me cobijé en sus versos, me acurruqué en su prosa.
Me sentí su “cómplice”, me sentí patriota.
Me llené de recuerdos, me llené de gloria.

Y cada sonrisa, cada lágrima
que he sentido y derramado por leerle,
las he guardado hoy
para recordarle siempre.

Fabius.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sol de otoño.



¡Oh! Sol de otoño.
Tocan los violines mis oídos.
Bañas y cobijas mi momento,
cada tormento de mi vida y el olvido.


Sol de otoño. ¡Oh! Soleado día.
Sabes del calor que necesito que me alcance.
Provocas al notarte mi deleite.
¡No te apagues! No dejes de brillar, no todavía.


Por ser otoño.
Por ser Sol y ser guarida.
Regalas, brindarle calor a mis heridas.
Por ti, Sol de otoño, mis letras susurran estar vivas.


Fabius.-

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mirando hacia mi patio.




¡Cuantas voces viven en el umbral de mi memoria!
Viven en él, surgen de él, ahora se aplacan.
Como racimos que suspendidos de la historia,
jugosos y tiernos, marchitos se derraman.

Les he construido como la vid de la vida.
Fueron el parral de mi patio de baldosas.
En verano, relajada, visualizaba su caída,
En invierno, observaba el sucumbir de sus hojas.

Ni un rayo de luz traspasó nunca su entresijo.
Y su olor, el del tiempo, emanaba de sus moradas.
Aquello que alguna vez, causó mi regocijo.
Hoy es pausa. Es tiempo de ver más allá de aquellas ramas.

El azul se mezcló con  verde, marrón y morado.
Y los rayos de sol penetraron y gotearon mis baldosas.
Con el calor, el musgo fue sutilmente secado.
Pueden verse las vetas entre grises, blancas y verdosas.

¡Lejos de tumbarme sobre ellas!
¡Lejos de quedarme anonadada!
Puedo confundirme con sosiego en las estrellas.
Tras su calor, su brillo, sentirme deleitada.

Fabius.-

miércoles, 26 de octubre de 2011

Soneto de la mosca.



Atrapada entre el cemento,
no te das tregua, ¡amas tu vida!
Crispada por la impotencia del momento.
Perturbada entre tu afán y tu caída.


A mi, me acompaña tu esperpento,
tu alocada forma de urdir tu despedida.
Creo poder sentir, si te veo, tu lamento.
¡Te deseo libre! Y no, saberte malherida.


Son las luces que te subyugan, ¿serán tormento?
Porque vas tras ellas, provocan tus ansiosos aleteos.
Moradora de mi habitación te has hecho, veo tu miedo.


Y el abrir mis ventanas, ¿causarían tu contento?
Cubres cada arista, cada esquina sin aplacar tus deseos.
¡Al fin! Una ráfaga de aire, la súplica de un solo credo.


Fabius.-

jueves, 13 de octubre de 2011

Mirando el otoño.



Y si esta hoja que hoy mi mano levanta,
y si ella sola pudiera ser lo que no es.
Has caído. Allí permaneces exhausta
y aún tu color no abriga corazones, ya lo ves.


Ni el color ámbar que a ti se aferra,
ni tu cuerpo aturdido de pisadas.
A veces, no pareces más que tierra.
Hoy, te levanto, te giro entre mis dedos, tú grácil te derramas.


Me he permitido navegarte.
Ver donde empiezas, donde terminas.
Me he permitido acariciarte,
recorrerte toda, palpando con mis dedos tus esquinas.


Eres parte de mi otoño, eres parte.
Me recuerdas tanto. Cosas perennes,
a veces recuerdos que caducan. Ellos vuelan con el aire.
Ese que levanta tu vuelo, y ellos contigo alejarse.


Y cuando de ti quise apartarme un instante,
un rayo de luz traspasó tus gotas durmientes.
Te hiciste más bella, más humana y constante.
Ya pude quedarme contigo. Ya puedo saber lo que sientes.


Y si esta hoja que hoy mi mano levanta,
y si ella sola pudiera saber lo que sí es.
Se sabría colchón de otoño y manta,
                                      regalo de frescor otoñal y candidez.


Fabius.-

jueves, 6 de octubre de 2011

Rostros sin alma.


Ya no veo gente que sonría.
Sólo rostros afligidos, gente sin sueños.

El alma hundida, recuerdos momentáneos,
de algún minuto de felicidad, algún augurio.
Y todo se desvanece cual tormenta,
ésta, la que nos subyuga y aún no cesa.

Espaldas que suplican una tibieza, una aurora,
cicatrices que dibujan un semblante; la miseria,
y manos que rebuscan un centavo y aún pretenden dar limosna.

A veces pienso……..
ahora se terminó el verano
y el frío hará lo propio con hombres y mujeres derrotados.

Fabius.-

domingo, 2 de octubre de 2011

jueves, 15 de septiembre de 2011

¿Sabes de qué hablo cuando hablo de felicidad?



¿Sabes de qué hablo cuando hablo de felicidad?

Hablo de tu pálpito apaciguado aunque haya tormenta.
De sentir el calor aunque la lluvia te envuelva.
Y del saborear el crujir de las hojas y sentirte completa.

Hablo del sonreír porque alguien sonríe.
Del llorar porque alguien llora
Del caminar junto a cualquiera que suplique se le guíe.

Porque al reír, al llorar, al caminar.
No se siente mayor alegría, que su mirada.
Una mirada que agradece no sentirse desolada.

¿Sabes a qué me refiero cuando hablo de felicidad?

Me refiero a que te emociones con la salida del Sol.
Que tus ojos se llenen de lágrimas e ilusión.
Que tu cuerpo reciba con agrado su calor.

Me refiero al momento en que miras a la Luna
En ella ya no ves bruma.
Solo un cielo plagado de estrellas, brillantes como ninguna.

¿Sabes qué siento cuando hablo de felicidad?

Pretendo ver tu reflejo, leyendo estos sencillos versos.
Viendo tu corazón empujarte, decirte ¡vuela lejos!
Y que puedas mirar con luz, un espacio carente de besos.

¿Sabes qué es, ahora, la felicidad?

No es ni tu pálpito, ni tu calor, ni tu sabor.
Tampoco tu sonrisa, tu llanto, tu compañía.
Mucho menos tus ojos, tu cuerpo, tu corazón.

Es, tu humildad al mirar el mundo.
Es poder llegar a lo profundo.
Mezclándote con el todo, y seguir siendo uno.


Fabius.-


jueves, 8 de septiembre de 2011

Al adiós.




Gélido, yacías, sobre tu altar anidado.
Una pieza de lino bajo volando,
cual gaviota rasante sobre el mar,
para cubrir tu cuerpo amortajado.


Se apretó sobre tu cuerpo.
Grita, corazón, late sin aún te queda algún latido.
Y allí, perdió su tibieza, y pareció cartón.
Murió, en el mismo instante en que quiso ser abrigo.


Había luz, había calor, había lloronas.
Tu alma ya volaba sobre las olas
Cuando de un portazo…..

Te has ido, tu amor me ha sido escaso.


Fabius.-

miércoles, 31 de agosto de 2011

Mi poema más humano.




¡Ay! Copiosas tempestades
diosas y permanentes
que bañan tus mejillas al mirar.

¡Ay! Tambores de tormentos,
mensajes turbulentos,
que rompen tu corazón al repicar.

  Así, como olivos crecidos sin motivo
tus ánimos se aferran a tu tierra sin sentido.
Y la lluvia, aunque barriera tus raíces.
Extienden sus brazos en busca de sustento sin pesar.
  

¡Ay! Girasoles al mediodía
escasos de algarabía.
Lloran tus ojos al mirar.

¡Ay! Lluvia de algún verano
que sólo merma en tu mano
humedeciendo tu piel al despertar.

Eres lluvia, eres cauce, eres río.
Corren por ti copiosas aguas del hastío,
sin llegar a ser vestido, son tapices
de tu alma, de tu cuerpo, de tu llanto sin lugar.


¡Ay! Tu lamento claro y fuerte es tu cauce y tu sonido.
Es tu miseria como hojas que navegan sin sentido.


¡Ay! Vendaval en tu garganta.
Cantaleta, de una infanta.
Afrenta  que has debido sofrenar.

¡Ay! Te has sumido en lontananzas.
Has puesto bermejas tus esperanzas.
Sólo huellas de charcos puedo seguir a tu pasar.

Eres furia, eres desolación, árbol caído.
Huracán cuando en ti la fe se ha ido y bravío.
Silencioso errante, dulce soñador de tiempos felices.
Mis lágrimas brotan al verte derramar las tuyas sin parar.


Y la lluvia ya pesa sobre tus hombros, confunde tu sentido.
Paso a paso dejas tristeza, al menos crece la maleza del olvido.
Verte caminar y respirar, crueles aforismos, es verte ungido.
Al menos la inconciencia de tus penas pretende, crezcan flores en tu umbral.


Fabius.-

viernes, 26 de agosto de 2011

Soy cristal en el mar.


El cristal, el cristal, el cristal de mi alma,
visceral, matinal cuando bebe tu savia.
Como redes del pescador cuelo en mi, tu ansia.
El cristal, el cristal, el cristal de mi alma.


En el mar, en el mar, en el mar y mi estancia,
lentitud, dilación cuando tú, presto te lanzas.
Hoy, sucumbo a tu palpitar, no harás de mi lavazas.
En el mar, en el mar, en el mar y tu estancia.


El cristal en el mar, dádivas son de tus marzas,
Crecida estoy, cautiva soy de tus gentiles tañidos.
Taciturna me entrego a ti al percibir tus sonidos.
El cristal en el mar, dádivas son de tus marzas.



Fabius.-