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jueves, 16 de febrero de 2012



La hierba del veintiuno.


Si bastara un crepúsculo, un amanecer
para limpiar la tormenta que
sobre la hierba se cierne.

Hierba vigorosa, sin impedimentos
mas que, aquellos propios y exultantes.
Podría, quizás, tocar el cielo con su risa.

Pero la hierba del veintiuno es rala, débil e inconstante.
Los nubarrones impiden su fluorescencia.
Es más ardua la tarea, aún, más glorioso el alcance.

Podría percibir, si se estremeciera, algún rayo que la acoja.
Podría izarse erguida, si se esforzara ¡y romper!
su manera de pensarse cautelosa.

Un crepúsculo, un amanecer la esperan.
Pequeño tironeo entre aquello más allá
y aquello más adentro.

Su raleza, su pertinaz grandilocuencia
hacen de su trayecto un escarpado,
un incesante andar en titubeos.

¡Ay si se decidiera a suavizar su tendencia!

Podría sentirse como germinada entre algodones.
Suaves, contemplativos, generosos.
Podría dejarle llegar hasta el cielo.


Fabius.

lunes, 13 de febrero de 2012


A Mario Benedetti

Verle a la distancia.
Una mirada que me llena.
Una mirada que me inunda.
Una mirada que me sueña.

Porque a pesar de las distancias.
A pesar del infranqueable paso del tiempo.
¡Le recuerdo!
Mirarle es verlo hoy, verle en sus versos.

Será porque es el ayer.
¡Porque le siento en mi piel y en mis huesos!
Será porque no me ha visto, nunca,
ni yo a usted, aunque resuenan sus ecos.

Será porque su canto a la mujer
ha hecho de mis ojos tormenta,
ha hecho de mi pecho una orquesta
y de mi corazón, esponja de sus letras.

Mirarle es más que decir ver ternura.
Es ver aire, es ver lluvia, es ver.
Es querer acompañarle, aplaudirle.
Decirle cosas como: leerle me hace libre.

Y es como ver el cielo
límpido, raso, rotundo.
Porque no hace falta ser Bécquer para saberse poeta
sino, creerse paloma y saberse amar en las letras.

____________

Entre tanta lejanía, de usted, de mi tierra.
Me cobijé en sus versos, me acurruqué en su prosa.
Me sentí su “cómplice”, me sentí patriota.
Me llené de recuerdos, me llené de gloria.

Y cada sonrisa, cada lágrima
que he sentido y derramado por leerle,
las he guardado hoy
para recordarle siempre.

Fabius.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sol de otoño.



¡Oh! Sol de otoño.
Tocan los violines mis oídos.
Bañas y cobijas mi momento,
cada tormento de mi vida y el olvido.


Sol de otoño. ¡Oh! Soleado día.
Sabes del calor que necesito que me alcance.
Provocas al notarte mi deleite.
¡No te apagues! No dejes de brillar, no todavía.


Por ser otoño.
Por ser Sol y ser guarida.
Regalas, brindarle calor a mis heridas.
Por ti, Sol de otoño, mis letras susurran estar vivas.


Fabius.-

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mirando hacia mi patio.




¡Cuantas voces viven en el umbral de mi memoria!
Viven en él, surgen de él, ahora se aplacan.
Como racimos que suspendidos de la historia,
jugosos y tiernos, marchitos se derraman.

Les he construido como la vid de la vida.
Fueron el parral de mi patio de baldosas.
En verano, relajada, visualizaba su caída,
En invierno, observaba el sucumbir de sus hojas.

Ni un rayo de luz traspasó nunca su entresijo.
Y su olor, el del tiempo, emanaba de sus moradas.
Aquello que alguna vez, causó mi regocijo.
Hoy es pausa. Es tiempo de ver más allá de aquellas ramas.

El azul se mezcló con  verde, marrón y morado.
Y los rayos de sol penetraron y gotearon mis baldosas.
Con el calor, el musgo fue sutilmente secado.
Pueden verse las vetas entre grises, blancas y verdosas.

¡Lejos de tumbarme sobre ellas!
¡Lejos de quedarme anonadada!
Puedo confundirme con sosiego en las estrellas.
Tras su calor, su brillo, sentirme deleitada.

Fabius.-

miércoles, 26 de octubre de 2011

Soneto de la mosca.



Atrapada entre el cemento,
no te das tregua, ¡amas tu vida!
Crispada por la impotencia del momento.
Perturbada entre tu afán y tu caída.


A mi, me acompaña tu esperpento,
tu alocada forma de urdir tu despedida.
Creo poder sentir, si te veo, tu lamento.
¡Te deseo libre! Y no, saberte malherida.


Son las luces que te subyugan, ¿serán tormento?
Porque vas tras ellas, provocan tus ansiosos aleteos.
Moradora de mi habitación te has hecho, veo tu miedo.


Y el abrir mis ventanas, ¿causarían tu contento?
Cubres cada arista, cada esquina sin aplacar tus deseos.
¡Al fin! Una ráfaga de aire, la súplica de un solo credo.


Fabius.-

jueves, 13 de octubre de 2011

Mirando el otoño.



Y si esta hoja que hoy mi mano levanta,
y si ella sola pudiera ser lo que no es.
Has caído. Allí permaneces exhausta
y aún tu color no abriga corazones, ya lo ves.


Ni el color ámbar que a ti se aferra,
ni tu cuerpo aturdido de pisadas.
A veces, no pareces más que tierra.
Hoy, te levanto, te giro entre mis dedos, tú grácil te derramas.


Me he permitido navegarte.
Ver donde empiezas, donde terminas.
Me he permitido acariciarte,
recorrerte toda, palpando con mis dedos tus esquinas.


Eres parte de mi otoño, eres parte.
Me recuerdas tanto. Cosas perennes,
a veces recuerdos que caducan. Ellos vuelan con el aire.
Ese que levanta tu vuelo, y ellos contigo alejarse.


Y cuando de ti quise apartarme un instante,
un rayo de luz traspasó tus gotas durmientes.
Te hiciste más bella, más humana y constante.
Ya pude quedarme contigo. Ya puedo saber lo que sientes.


Y si esta hoja que hoy mi mano levanta,
y si ella sola pudiera saber lo que sí es.
Se sabría colchón de otoño y manta,
                                      regalo de frescor otoñal y candidez.


Fabius.-

jueves, 6 de octubre de 2011

Rostros sin alma.


Ya no veo gente que sonría.
Sólo rostros afligidos, gente sin sueños.

El alma hundida, recuerdos momentáneos,
de algún minuto de felicidad, algún augurio.
Y todo se desvanece cual tormenta,
ésta, la que nos subyuga y aún no cesa.

Espaldas que suplican una tibieza, una aurora,
cicatrices que dibujan un semblante; la miseria,
y manos que rebuscan un centavo y aún pretenden dar limosna.

A veces pienso……..
ahora se terminó el verano
y el frío hará lo propio con hombres y mujeres derrotados.

Fabius.-

domingo, 2 de octubre de 2011

jueves, 15 de septiembre de 2011

¿Sabes de qué hablo cuando hablo de felicidad?



¿Sabes de qué hablo cuando hablo de felicidad?

Hablo de tu pálpito apaciguado aunque haya tormenta.
De sentir el calor aunque la lluvia te envuelva.
Y del saborear el crujir de las hojas y sentirte completa.

Hablo del sonreír porque alguien sonríe.
Del llorar porque alguien llora
Del caminar junto a cualquiera que suplique se le guíe.

Porque al reír, al llorar, al caminar.
No se siente mayor alegría, que su mirada.
Una mirada que agradece no sentirse desolada.

¿Sabes a qué me refiero cuando hablo de felicidad?

Me refiero a que te emociones con la salida del Sol.
Que tus ojos se llenen de lágrimas e ilusión.
Que tu cuerpo reciba con agrado su calor.

Me refiero al momento en que miras a la Luna
En ella ya no ves bruma.
Solo un cielo plagado de estrellas, brillantes como ninguna.

¿Sabes qué siento cuando hablo de felicidad?

Pretendo ver tu reflejo, leyendo estos sencillos versos.
Viendo tu corazón empujarte, decirte ¡vuela lejos!
Y que puedas mirar con luz, un espacio carente de besos.

¿Sabes qué es, ahora, la felicidad?

No es ni tu pálpito, ni tu calor, ni tu sabor.
Tampoco tu sonrisa, tu llanto, tu compañía.
Mucho menos tus ojos, tu cuerpo, tu corazón.

Es, tu humildad al mirar el mundo.
Es poder llegar a lo profundo.
Mezclándote con el todo, y seguir siendo uno.


Fabius.-


jueves, 8 de septiembre de 2011

Al adiós.




Gélido, yacías, sobre tu altar anidado.
Una pieza de lino bajo volando,
cual gaviota rasante sobre el mar,
para cubrir tu cuerpo amortajado.


Se apretó sobre tu cuerpo.
Grita, corazón, late sin aún te queda algún latido.
Y allí, perdió su tibieza, y pareció cartón.
Murió, en el mismo instante en que quiso ser abrigo.


Había luz, había calor, había lloronas.
Tu alma ya volaba sobre las olas
Cuando de un portazo…..

Te has ido, tu amor me ha sido escaso.


Fabius.-

miércoles, 31 de agosto de 2011

Mi poema más humano.




¡Ay! Copiosas tempestades
diosas y permanentes
que bañan tus mejillas al mirar.

¡Ay! Tambores de tormentos,
mensajes turbulentos,
que rompen tu corazón al repicar.

  Así, como olivos crecidos sin motivo
tus ánimos se aferran a tu tierra sin sentido.
Y la lluvia, aunque barriera tus raíces.
Extienden sus brazos en busca de sustento sin pesar.
  

¡Ay! Girasoles al mediodía
escasos de algarabía.
Lloran tus ojos al mirar.

¡Ay! Lluvia de algún verano
que sólo merma en tu mano
humedeciendo tu piel al despertar.

Eres lluvia, eres cauce, eres río.
Corren por ti copiosas aguas del hastío,
sin llegar a ser vestido, son tapices
de tu alma, de tu cuerpo, de tu llanto sin lugar.


¡Ay! Tu lamento claro y fuerte es tu cauce y tu sonido.
Es tu miseria como hojas que navegan sin sentido.


¡Ay! Vendaval en tu garganta.
Cantaleta, de una infanta.
Afrenta  que has debido sofrenar.

¡Ay! Te has sumido en lontananzas.
Has puesto bermejas tus esperanzas.
Sólo huellas de charcos puedo seguir a tu pasar.

Eres furia, eres desolación, árbol caído.
Huracán cuando en ti la fe se ha ido y bravío.
Silencioso errante, dulce soñador de tiempos felices.
Mis lágrimas brotan al verte derramar las tuyas sin parar.


Y la lluvia ya pesa sobre tus hombros, confunde tu sentido.
Paso a paso dejas tristeza, al menos crece la maleza del olvido.
Verte caminar y respirar, crueles aforismos, es verte ungido.
Al menos la inconciencia de tus penas pretende, crezcan flores en tu umbral.


Fabius.-

viernes, 26 de agosto de 2011

Soy cristal en el mar.


El cristal, el cristal, el cristal de mi alma,
visceral, matinal cuando bebe tu savia.
Como redes del pescador cuelo en mi, tu ansia.
El cristal, el cristal, el cristal de mi alma.


En el mar, en el mar, en el mar y mi estancia,
lentitud, dilación cuando tú, presto te lanzas.
Hoy, sucumbo a tu palpitar, no harás de mi lavazas.
En el mar, en el mar, en el mar y tu estancia.


El cristal en el mar, dádivas son de tus marzas,
Crecida estoy, cautiva soy de tus gentiles tañidos.
Taciturna me entrego a ti al percibir tus sonidos.
El cristal en el mar, dádivas son de tus marzas.



Fabius.-

domingo, 7 de agosto de 2011

Tú eres volcán.



Tú pareces volcán.
Y yo, la lava que de ti emergió
para morir después y ser roca.

Tu volcán enfurecido,
descontrolado, ávido de ser presencia.
Olvidó que esas rocas ¡brotaron de tus entrañas!

Ay! Volcán incontrolado.
Estallas al compás del infortunio.
Hirviendo de rencores y recuerdos del pasado.

Tus explosiones de tristezas.
Tu olvido de tus laderas.
Las que ayudan a derruir, todo, cuanto a su lado crezca.

Vives entre gritos de rojo incandescente.
Quemas la hierba que crece.
Es, tu álgida actividad, la que deseas se recuerde.

¿Y las rocas que forjaste?
¿Qué fueron después de ser hirvientes?
Sólo rocas de un volcán temperamental, nunca durmiente.

Fabius. -


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Tu eres volcán por Fabius está bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported Licencia . 
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miércoles, 3 de agosto de 2011

Campo de flores.













Del gris sentir nació el amor.
Del no vivir, del sinsabor.
De todo cuanto oscuro floreció.

Del vacuo verano en mi balcón.
¡De aquel rocío en mi sudor!
De toda la tristeza de mi alma.

Cercenada, renaciendo.
Opacada, existiendo.

Si el tiempo empañó mi existir.
Si el árbol que debí yo ser.
Si mis palabras fueron como el aire.

Más, sin lo oscuro, no hubo luz.
¡Por no vivir, viré mi cruz!
Mas, el temor alzó, en mi, giraldas.

Cercenada, renaciendo.
Opacada, existiendo.

En las tormentas hallé la paz.
De los lamentos surgió bondad.
Y de los pensamientos las palabras.

Y lo celeste halló lugar.
¡En la gran furia del vendaval!
Y aires de templanza comenzaron.

Cercenada, renaciendo.
Opacada, existiendo.

Hoy campo fértil de flores soy.
Con tantas verdades en cada flor.
Rociadas por el agua de un abrazo.

Y en mis raíces, aunque hay dolor.
¡Mis flores se alzan buscando el Sol!
Formando un ramillete en tu regazo.

Florecida, renaciendo.
En tus ojos, existiendo.

Y con el piar de un ruiseñor.
Y con la lluvia en días de Sol.
Y con tu ser tendido en mi simiente.

Con lo invisible, ¡ya soy feliz!
¡Con el regalo de existir!
Con ser tu compañía en tu recuerdo.

Floreciendo, día a día.
En tu ansías, ser sentida.

Fabius.-

domingo, 31 de julio de 2011

Ya volaban golondrinas.



Ya volaban las golondrinas
cuando el susurro del viento
se abrió paso entre el frescor y la lluvia.

Ya volaban lentamente, sin tedio.
Ya percibían su gloria, ya florecían.
Remolinos de viento, opacaban su llegada.

Ya volaban sin pausa y aún con esperanza.
Embriagadas sus alas de lluvia y pesadas.
Ya volaban, ya volaban, ya volaban.

Ya volaban aunque el frío enmudecía.
Aunque fuera ir contra corriente.
Ya volaban con firmeza su camino.

Ya volaban las golondrinas
por el tiempo, buscando el olor del vino.
el olor del mar, de la brisa, del olvido.

Ya volaban golondrinas con ojos firmes.
Sus picos escudriñaban el viento.
Sus alas batallaban con el firmamento.

Ya acariciaban la hora, el minuto y el sentido.
Temporal que cercenaba sus ganas, su aliento.
Ya volaban golondrinas ¡con un último latido!

Ya volaban opacadas hacia el mar.
Hacia el fracaso, hacia el abismo.
Ellas soñaban el mar y ver un ¡último abrigo!

Ya llegaban golondrinas, ya llegaban.
Con un atisbo de luz, de sentir, de suspiro.
Llegaron a ver el Sol, dispuesto a quedar dormido.

Ya volaban golondrinas, ya volaban.
Las veo cada mañana, cada atardecer,
cada crepúsculo. Amigas son de mi alma.

Ya posadas golondrinas, ya posadas.
Ya sintiendo el calor, ya sintiendo la roca.
Dejando huellas marcadas, caminantes de la playa.
  
Ya les veo golondrinas, ya les veo.
Se me antojan pañuelos surcando el firmamento.
Llevados por el calor, que acaricia su tejido al viento.

Fabius.-

miércoles, 27 de julio de 2011

Ante el mar.



Caminando en aguas salinas.
Mis pies de suela de piel.
Sienten el frío de lo frío.
Sienten pisar un clavel.

Tan inmenso es el hastío.
Del hombre ciego por llegar.
Por cruzar el mismo río.
Sin danzar con su danzar.

Prefiero bailar con las olas.
Sumergirme en su vaivén.
Cual si fuera caracola.
Dentro y fuera fenecer.

Para que me recoja un niño.
Cual trofeo en su cuartel.
Sería por él artificio.
Y al mar! Podría volver.

En la humedad de la calma.
En el refugio del mar.
Allí podría soñar.
Caracolas de cristal.

Dentro de los pensamientos.
Si los hay dentro del mar.
Claros y sólidos reflejos.
Hoy caracola
Mañana, concha en el mar.


Fabius.-

viernes, 15 de julio de 2011

¡Yo vivo!

Es la quietud de la noche a eso de las tres de la mañana.
Es el silencio perdido al finalizar el aquelarre de miradas.
Es, es, es aquel instante perdido en la memoria de la amada.

Allí dónde el silencio es el gobernante de los sentidos.
¡Yo vivo!

Es el estado de los oídos sumergidos en lo profundo del mar.
Es la muerta bajo tierra ataviada con su mejor ajuar.
Es el estar en el centro de un bosque con los sentidos en paz.

Allí donde el silencio es el gobernante de mis sentidos.
¡Yo vivo!

Es el dormir de un niño perdido en sus recuerdos, perdido en sus sentidos.
Es el momento que sigue al temporal natural de la furia de los vivos.
Es el estar en lo inmenso del espacio fuera del mundanal cobijo.

    Allí donde el silencio es el gobernante de mis sentidos
    ¡Yo vivo!

    Vivo en el espacio del sentir de los sentidos.
    Vivo en el momento de los latidos.
    Vivo en el sabor de la alegría sn motivos
    ¡Yo vivo!


Fabius.-

martes, 12 de julio de 2011

Al encuentro de la muerte por un líquido ambarado.













Deja ya a tu fiel amiga.
A tu amiga de la angustia.
La que te embeleza el alma
La que colma tus tristezas.

La que se asemeja al ámbar.
La que refresca tu aliento.
La que te brinda la calma
Para, después, traerte recuerdos

Deja ya de agitar sus esencias.
De consumir tu tiempo en sus velos.
Ella te regala aroma, ilusiones todas.
Ella te desprende, te aparta del tiempo.

Tu mano ya tiene su forma.
Has esculpido su marco.
Ella contiene tu horma.
Se ha amoldado a tu embargo.

Se ha transformado en tu vuelo.
Te ha ofrecido sus alas.
Tú y tu desconsuelo
Habéis sucumbido a sus galas.

Ámbar de un solo color.
Del color de la miel si cabe.
Una es dulce y regocija.
La otra es hábil y culpable.

Fuerte es su entrada en tu miseria.
La llena, la dota de promesas bellas.
Te sientes libre, alma sin pena.
Al fin de la velada, sólo, epopeyas.

Se ha convertido en tu amiga.
Y tú, su íntima confesa.
¿Has visto en ella a la aurora?
¿Has visto en ella una estrella?

Es que no es esa la aurora.
Es que no esa la estrella.
Sólo es un poco de ámbar.
Que con el hielo refresca.

Ella te nubla la vista.
Ella te aparta del rumbo.
Necesita moribundos,
a quien saciar sus segundos.

Se ha instalado en tu cuerpo.
Ha poseído tus agallas.
Tú le sorbes, le amas.
Ella  ha conquistado tu alma.

Siento, siento, siento.
Verte sumergida en pos de nada.
Nadando en aguas ardientes.
Esperando a la guadaña.

Peno, peno, peno.
Por tu sucumbir a su sabor,
A su efecto ensoñador,
A su disfraz de ave de roc.

Ansío, ansío verte reír.
Verte al fin ser feliz.
Olvidando a tu amante.
Deseando, de nuevo, vivir.

 Fabius.-

lunes, 4 de julio de 2011

Ojos de vida.

Ojos presurosos buscando una complicidad, la dicha.
Vertientes de imágenes guardadas con recelo y olvidadas.
¿Son mis ojos los que buscan con anhelo tu mirada?
Son mis ojos que no guardan el desvelo, el susurro a tu llegada.

Por ellos han pasado tantos pesados contornos de montañas.
Tantos caminos; rectos unos, torneados los otros y largos.
Por ellos han  desfilado al compás tantos tiempos amargos.
Hoy se regocijan del verde prado, de la arboleda, de tu rebaño.

Tu mirada que escondida tras el manto de aquel camino elegido.
La siento, la sé jugando a esconderse entre los árboles pardos.
Juguetear ante mirones, ante sonrisas, juegos del hombre visco.
Sin perder el rostro de cualquiera escondido en la negrura.
Aunque lúgubre y oscura, permite el juego del mago.

Son los ojos de la antesala al esplendor del día, ojos brillantes de melancolía.
Pura, serena, apacible, llena de luz impalpable y firme, fulgurante armonía.
Como caudal desbordante entra sin permiso ni temor, llena mis ojos y les da vida.
La que acompaña el caminar, seguro, desenfadado y pulcro, de la luz en mi retina.

Y se llenan de lágrimas especiales, únicas, incalculables gotas centelleantes.
Pequeñas gotas del agua más pura, de las termales. Que regalan aire, calor
al tocar mis mejillas, mi boca, mi pecho, y lograr el agrado de mi piel a su reencuentro.
Y tornear el manto, en finísimos surcos, valles de nueva andadura para próximas gotas
cuyo caudal volviera a su lecho.

Aunque pesados y aletargados, a veces mis ojos, culminar su visión quisieran.
Aunque regalen espectros de formas, de colores que pudieran ser quimera.
Plenos de imágenes del tiempo, del momento, del segundo en su reloj interno.
Dos párpados acorazados dejan lugar al recuerdo.

Manto suave que cubre lo más frágil de sus miembros, y aún así poderosos
instrumentos de percepción de lo vivo, de lo muerto, de lo estéril, de lo fresco.
Les tengo como dos nortes, uno ingrávido en el tiempo, otro como el conforme
que se proclama feliz, satisfecho.

Fisgones sin remedio, sin maldad, con anhelo de sentir felicidad en el mirar de lo ajeno.
Si les amo es porque me colman de los sueños más ligeros, más amados, más modestos.
Uno a uno acompañados, y conmigo mi sendero, dejan paso a mi costado, manantiales
de momentos, verdean mis sentimientos.

Su mirar se hace a mi lado, me alegra el pensamiento, le da olor a mis ansias,
le da sabor al contento. Les protejo porque emanan tantas causas de buen agüero.
No reparo en la distancia, les pretendo, les evoco en este, mi modesto ramillete de versos

Sin adornos ni artilugios, son ellos los justicieros, de la presencia sincera, del origen,
del nacer eterno. Su mirar es como fértil, como campo de ganado fresco, como prado.
Son ellos quienes te envían flores, aguas, sol, consuelo, amigos son de tu esmero.

Llorar es regarles, es dotarles de milagro, para erradicar su sequedad, para que ocurra el milagro, el que se nota al mirar, dos girasoles radiantes, mirando al Sol, brillosos,
que recuerden mar al mirarles.

Fabius.-

martes, 28 de junio de 2011

Permeabilidad.



Permeable es mi sentir a las gotas de lluvia de lloronas de velatorio.
Permeable es mi cuerpo al sonar las turbulencias corporales del entorno.
Veo como sufres semejante, ante tus muertos, eternos y etéreos.
Veo como desgarras tu vida, por un trozo de cuero seco, hielo o fuego.

¿Es menester que trueques tus haberes, los que te piden respeto?
¿Sabes de su existencia, te has detenido en el tiempo?
Lo que revolotea cual planetas, y tú, Sol en el centro,
es lo que permanece cerca, nunca aquello que ves sin verlo.

Al mirarles, en la distancia, se me reflejan Saltamontes.
De grandes patas saltando en busca de gigantes empresas.
Una vez, allí, en la jungla, en la selva, todo queda en moraleja.
Hilos atados a lo invisible, alejan más y más la distancia,
entre tú y tu quimera.

Tenaz, tenaces todos los que deseosos, aman conquistar la cima.
Tercos, presurosos, de saciar su hambre de cambiar lo certero.
De remover montañas, estrellas y al mismo cielo.
Si ello fuera posible, veo brazos volando en el viento.

Permeable a tus palabras a tus pensamientos hirientes.
Permeable a tus miradas, a tus síntomas de engaño y maña.
Pero aún, más permeable a saberte deseoso de tranquilidad y templanza.
Zapato, tacón y bota, apóyate en mi, elige el camino y mi horma.

Semejante, te has confundido en empeño, has desviado el camino,
has olvidado tu centro. Tenderte mi mano puedo, ya que eso poseo.
Ni montañas, ni cascadas, ni intrincadas marañas.
Sólo claridad en el verbo, sólo desear, verte libre en el tiempo.

Fabius.-