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VALENCIA, VALENCIA, Spain

martes, 28 de junio de 2011

Permeabilidad.



Permeable es mi sentir a las gotas de lluvia de lloronas de velatorio.
Permeable es mi cuerpo al sonar las turbulencias corporales del entorno.
Veo como sufres semejante, ante tus muertos, eternos y etéreos.
Veo como desgarras tu vida, por un trozo de cuero seco, hielo o fuego.

¿Es menester que trueques tus haberes, los que te piden respeto?
¿Sabes de su existencia, te has detenido en el tiempo?
Lo que revolotea cual planetas, y tú, Sol en el centro,
es lo que permanece cerca, nunca aquello que ves sin verlo.

Al mirarles, en la distancia, se me reflejan Saltamontes.
De grandes patas saltando en busca de gigantes empresas.
Una vez, allí, en la jungla, en la selva, todo queda en moraleja.
Hilos atados a lo invisible, alejan más y más la distancia,
entre tú y tu quimera.

Tenaz, tenaces todos los que deseosos, aman conquistar la cima.
Tercos, presurosos, de saciar su hambre de cambiar lo certero.
De remover montañas, estrellas y al mismo cielo.
Si ello fuera posible, veo brazos volando en el viento.

Permeable a tus palabras a tus pensamientos hirientes.
Permeable a tus miradas, a tus síntomas de engaño y maña.
Pero aún, más permeable a saberte deseoso de tranquilidad y templanza.
Zapato, tacón y bota, apóyate en mi, elige el camino y mi horma.

Semejante, te has confundido en empeño, has desviado el camino,
has olvidado tu centro. Tenderte mi mano puedo, ya que eso poseo.
Ni montañas, ni cascadas, ni intrincadas marañas.
Sólo claridad en el verbo, sólo desear, verte libre en el tiempo.

Fabius.-

jueves, 23 de junio de 2011

Lágrimas de niña.




Agua clara derramaban sus ojos embriagados de alegría.
Como sudor en copa de cristal, ellos brotaban sin vergüenza
Como rocío descansando en los pétalos, ellos amanecían.

¿Por qué lloras dulce y apesadumbrada niña?
¿Por qué lloras?


Porque feliz me encuentro de ver el Sol brillar en cada día.
Porque la Luna, humilde, ilumina mi camino y me vigila.
Porque el árbol frondoso de aquel parque me alberga sin cobardía.

Tu llanto parece copioso, desgarrador llanto de tristeza.
Tanto, que al oírlo sólo se me ocurre dejarte mi hombro
para cojín de tu manantial de amargura.
Para que llores sin trabas, pero con calor y sin corteza.


Cascada abrumadora apagaba mi calor inmune.
Al tiempo empapado, mas al tiempo humedecido.
Secaba mi interior las gotas de sus ojos acongojados.
Saciaba su llanto mi sed de ayudarla, de imaginarla.
Convirtiendo sus aguas en mar en calma, agua pura,
agua que albergue cualquier esperanza de vida,
cualquier esperanza de detener el tiempo al mirarla.


¿Y por qué sigues en tu llanto, niña del alma?
¿Por qué continúas entristecida?

No lo ves, allí  en el parque, ya no crece mi árbol de juegos.
Allí, en cielo, el Sol ya no brilla como antaño, ya no brilla.
Y allí, en la noche, la Luna ya no me vigila, pues no la veo.

Querida niña, tus amigos, tus admirados no te han abandonado.
Están ahí, dónde antaño les has dejado, ellos te recuerdan.
Saben de ti, saben tus pasos, tus lamentos y tus llantos.
Cierra los ojos, mira de nuevo, verás en ti, a ellos, renacer.
¡Eres tú, su milagro!

Ya no lloras, mi niña, ya no lloras.

Feliz mi dicha de verles de cuando en cuando.
Cercana su presencia, cercana a su regazo.
Cercana mi existencia, la de ellos.
El tiempo no les ha borrado.

Fabius.-

lunes, 20 de junio de 2011

Firmamento del Sur.


¿Por qué será, firmamento, que te siento caer sobre mis hombros?
¿Por qué será que no te veo reinar, más que detrás de algún esbozo?

Será que te veo engalanado de subjetivos consortes.
Gigantes y majestuosos consortes, que no dejan paso a tu encanto.
Que se alzan ocupando el aire, el espacio, al ritmo de la inconciencia.
Que desprecian la magia, tu magia, sin dejar ver tu grandeza.

¿Por qué será que al Sur, firmamento, contienes otra apariencia?
¿Por qué será que allí, mi mirada, no abarca tu inmensidad, tu excelencia?

Será que al Sur, tus consortes son fútiles.
Será que sus creadores, comprendieron tu lugar, a pesar de ser deudores.
Que con solidario arraigo, construyeron sus consortes.
Cada cual con su peldaño, sin acribillarte con vigías, ni corsarios.

¡Hay firmamento, te alzas ajeno a lo absurdo!
Permaneces inalterable, aunque, aquí, segmento en el aire.
Inmisericordes aquellos que por absurdos consiguieron fragmentarte.
Busco en tus trozos de gloria, el pedazo del Sur que te encarne.

¡Hay firmamento del Sur, que extrañeza el pensarte!
Permaneces en mi visión, de lo jamás inviolable.
Respetuosos aquellos que percibieron tu sangre,
tu color, tu ingenuidad, tu ánimo que anima al hambre.

Que sería del labriego sino pudiese mirarte.
Que sería del penitente si no pudiera rezarte.
Haces falta tal cual eres, tal y cual te crearon las artes.
Junto con las estrellas a amantes diste razón y semblante.

Que sería de las olas y del mar si no fueras su espejo.
Que serías del pintor. ¿Nada más que un mero reflejo?
No, jamás podrías perderte en la oscuridad del ciego.
Porque serás inmune, extenso, fijo, firmamento, en el tiempo.

Aquí te miro entristecida por soportar el falso credo.
Aquí suspiro al mirarte, y temerosa que intuyas mis recuerdos.
Los del Sur, de su firmamento eterno, gigante, inconmensurable.
Que me llena la vista, el alma, y el Cenit de mis recuerdos, en aquellos lugares.

No me intuyas deudora, no me creas grotesca.
No me pienses burlona de tan indómita existencia.
Piénsame tu deudora, tu enamorada, tu amiga.
 Porque, firmamento, creo.
Con mis sueños, no verte extinguido.



Fabius.-

domingo, 12 de junio de 2011

Aleteo.



Aletean los pájaros fugaces.
Aletean al compás de la sinfónica.
Aletean los sonidos de los arces.
De mi cuerpo, subyugado ante la armónica.

Aletean sueños de noche onírica.
Aletean imágenes sin colibríes.
Aletean en el viento las voces de la lírica,
de la prosa, del soneto cual rubíes.

¡Hay notas que divagan por el viento!
¡Hay melodías pérdidas en el tiempo!

Danzan con él, se confunden, se aman.
Incansables, gota sin verso, no derraman.

Aletean las vivaces Siemprevivas.
Aletean las gaviotas en la orilla.
Aletean sin promesas ni cohibidas.
Aletean cual cabellos sin orquillas.

Aletean las mañanas por el tiempo.
Aletean las noches firmes y concretas.
Aletean los ocasos sin miramiento.
Aletean atardeceres cual cometas.

¡Abanicos quisiera por dedos tener!
¡Alas de águila por brazos poseer!

Reunión de crisoles, reunión de gorriones.
Aletean mis versos, afanosos y deudores.
En caja de espuma, rodeada de lirios.
Poder protegerles, y morir, morir con su brillo.

Fabius.-

A mis seguidores.


Quisiera agradecerles, desde lo más humilde de mi corazón, el haber cumplido, al día de hoy, ¡mil visitas! a “Rincón Poético”.
Una experiencia que permanecerá, por siempre, en mi mente, en mis recuerdos y en mi corazón; que comenzó un 6 de Enero de 2011.
Quisiera agradecerles, a vosotros, a ustedes, a todas las gentes, lenguas, religiones, pensamientos, a todos aquellos que se encuentran aquí o allá. El cariño recibido a través de la lectura, y seguimiento de mi, hoy, entrañable y especial espacio poético. Agradeciendo por orden de visitas a: España, Estados Unidos, Bélgica, Uruguay, Hungría, Venezuela, Italia, Argentina, Chile, Colombia, Alemania, México, Canadá, Paraguay, Arabia Saudí, Perú, Portugal, Vietnam, El Salvador, Guatemala.

También, mi especial agradecimiento a los seguidores del blog, que con sus continuos mensajes animan a mi corazón a seguir el camino de la sensibilidad, de la fantasía, del amor, de la tristeza, de la nostalgia, del sentir.

Es para mi, y para regocijo de mis dedos y mi corazón, el sentir y el saber, que mis poemas, llegan a tantas personas, que han llegado en tan poco tiempo, y que, con el paso por estos 6 meses, se van sumando cada vez más países que continúan la lectura de “Rincón Poético”.
A todos, mi más respetuoso agradecimiento y sincero respeto para aquellos que continúan amando, tanto como yo, la poesía.

Gracias, Thank you, Bedankt, Kôszönöm, Grazzie, Danke, Shokran, Obrigado, Càm ón qúi vi rhât.

Fabius.-

martes, 7 de junio de 2011

Café de los jubilados.



Café de los jubilados, asilo de sonrisas,
de tranquilidades, de labores y trabajos añorados.
Rincón de sonetos, de poemas, de retratos y proezas.
Allí, me aparto del mundo, me rodea su belleza.

Tiempo pasado, tiempo de café de jubilados.
Café que emana otro aroma, otro sabor en labios agrietados.
Café del tiempo perdido, hoy, café del presente recobrado.
Disfrutado por semejantes reliquias, por gloriosas épocas y encanto.

Tostadas untadas de mermelada de flores.
Dibujan en el trigo tostado, un sin fin de colores,
que degustado, el tiempo cobra otro sabor, otro color;
el de la tranquilidad, el renacimiento, el pasar del tiempo incontrolado.

Charlas copiosas dotadas de lejanía y cercanía.
Tiempo que parece estancado, historias del ayer, refranes de osadía.
El ahora retoma como espiral, como renovado, lo vivido, lo pasado.
Brujos de los años, ancianos que parecen conocer, el hoy, el ahora. Nunca en vano.

Encuentro de paz, del no correr del tiempo, del momento.
Tentempié de disfrute, comensales sin tarjeta, ni esmoquin, ni etiqueta.
Naturales y vivos: “Vivimos lo que nos queda, disfrutamos lo vivido”
Pasajeros del tren de lejanías, abonados a tarifas reducidas de tarjeta.

Café de jubilados, café del mano a mano, abanico de esqueletos.
Confluyen en el tiempo, en el lugar, en el espacio y el contento.
Jardín octogenario de sonrisas jóvenes, manos arrugadas, mentes con ansias.
Canos, calvos, moños de señoras adornadas de colores de arco iris y fragancias.

Efluvios de amores con estancia, amores conseguidos a distancia.
Rezos para aquellos que se han ido, alegrías para los que aún, están servidos.
Marea de abrazos y miradas, de palmadas en la espalda, de caricia.
Cueva sagrada de viajeros de la vida, altar de viejos acometidos.

Me llevo lo que de ellos se desprende, la vida y el recuerdo.
La experiencia más amable, la que no fragua en el tiempo.
Me cobijo tras su café, sus sonrisas, su entretiempo cuerdo.
Café de los jubilados, encuentro de pensamientos, ¡que tiempo!

Carcajadas que contagian generaciones más cercanas.
Boutique de armario antiguo, zapatos de largo arraigo.
Café de los jubilados, esquina de los recuerdos.
Almuerzos acompañados de lloros, sonrisa y cuento.

¿Podrían vivir, aquellos, sin estos consortes del tiempo?
¿Podrían vivir estos, del vivir y pensar de aquellos?
Café de los jubilados, dieron vida a lo nuevo,
dieron vida al ayer, y a su propio baúl de recuerdos.

Fabius.-

sábado, 4 de junio de 2011

Quiero ser madera.




Quiero ser madera
Madera viviente, de múltiples movimientos.
Ascendente, descendente, hacia los lados.
Para con su cobijo, su naturaleza, abrigar
tu alma a mi lado.

Quiero ser madera.
Expandiendo mis raíces por donde pueda.
Engrosando mí tronco, de belleza, de pureza,
de saber, de más tristeza, para apreciar aquello
que ha surgido de la tierra.

Quiero ser madera.
Por su estilo lento, imperceptible, casi nulo.
Pero firme en el tiempo, dejando en si mismo
una variedad de anillos.
Testigos de un camino puro.

Quiero ser madera.
Para no vivir en la prisa, para ser feliz con la brisa.
Con los pájaros que en mí aniden. Con las hojas,
a veces, todas, a veces volando cual palomas.
Para desgranarme, y aún, ser una sola.

Quiero ser madera.
Que dibuje mi camino mi corteza.
De tales formas, cualesquiera la paciencia.
Que hayan surcos más profundos que los valles.
Que por ellos, dedos, encuentren cobijarse.

Quiero ser madera.
Madera pura, madera inútil, madera dura.
Madera que caliente tu colmena, la tibie.
Madera que acumules en tus bienes,
si con ello, al acariciarme,
sientes placeres.

Quiero ser madera.
De bosques olvidados, de bosques encantados.
De los que recuerda un poeta, del que sucumbe a su encanto.
Del que sirve de aliciente, de inspiración y de llanto.
De aquellos bosques llorosos, que a nadie, importe su canto.

Quiero ser madera.
Nueva, joven, antiquísima de tronco cadente.
Que al mirar el cielo, contemple, el cenit.
Su plenitud, su paso más que profundo.
Su avidez de vivir, su comprensión de morir.
Su virtuoso recuerdo por transcurrir el rumbo.

Quiero ser madera.
Aunque muerta, derruida, mas aún, nunca afligida.
Radiante hasta el mismo instante, del adiós.
Perdurable en el recuerdo del que sintió,
sus brazos, sujetarle jubiloso.

Fabius.-

viernes, 3 de junio de 2011

Breve soy, breve es mi poema.




Soy etérea, soy más liviana que el viento.
Soy mar que regala agua a raudales, soy invierno.
Soy aquello, soy esto, soy lo otro, soy lo muerto.
Soy azul, amarillo, verde, celeste como el cielo.

Soy flor marchita, soy flor de nuevo.
Soy semilla, soy vida, soy lo bueno, soy lo feo.
Soy lo que quiera ser, mientras no repare en serlo.
Soy aquello que crece, soy mutante del tiempo.

Soy el mendigo, el rico, el triste, el feliz, el viejo.
Soy ella, soy el, soy los niños y el juego.
Soy gaviota, halcón, gorrión, soy en el viento.
Soy libertad, soy bondad, soy luz, soy misterio.

Mas, soy y no soy, sólo soy, el desapego.
Porque disfruto de ser, del soy, del no ser nada.
Y ser eso.


Fabius.-

miércoles, 1 de junio de 2011

De lo imperfecto a lo perfecto.



En el momento perfecto de lo perfecto.
Nada puede ser más inequívoco y concreto.
Allí, donde la semilla empuja su brote.
Allí, donde el Sol, humilde paso, deja a la noche.

Cual punto que estremece el alma entristecida.
La cual descubre que, su razón es, su única salida.
En dirección al Sur, hacia el origen, lo concreto,
hacia el punto máximo del Sol, de lo correcto.

Corazón que encuentra, en cualquiera, su mejor amigo.
En almas sin caras, ni aspectos, ni fragancias, ni motivo.
Amigos de cualquier tiempo, aunque lejano y disperso,
aunque perdido, aunque silencio, aunque vacuo o inmenso.

Es el mirar al mar, en su magnifica inmensidad.
Es despedir al Sol, tras su sencilla jornada de bondad.
Es sucumbir, al celeste cielo. Del mismo, que por mis ojos
transita esculpiendo nubes, de formatos caprichosos.

Manto cubierto de flores diversas, se ha tornado mi alma,
encantada de poseer su cercanía, su belleza..... la calma.
Que, sólo, regalan ¡tal flores!, tal exquisitas doncellas.
Vírgenes del vicio, adornan sin adornos, las estrellas.

Es montaña que, inevitable, recae sobre la tierra.
Por que de ella, surge. Porque no existe, entre ellas, la guerra.
Mimándose en su camino, unidas en su destino.
Una sucumbe ante la otra, sin codiciar su brillo.

Del errar el andar, del equivocar el rumbo,
el que lo transita, sucumbe, a tientas y dando tumbos.
Del inicio del error, su opuesto, lo certero.
El caminante bondadoso, descubre lo verdadero.

Tras mirar, alejado de su mundo, alejado de su espejo,
alejado del bostezo, del poder y del cortejo.
El andariego, mirando el mar, mirando el cielo,
encuentra en el más allá, lo más cercano y eterno.


Fabius.-

lunes, 30 de mayo de 2011

Soy manzana.





De lo contable escaparon mis recuerdos.
De lo tangible, lo palpable, lo fugaz.
Hubo un tiempo en que fue imperceptible,
que de ellos, perteneciera mi verdad.

Ahora que lo real, irreal se ha vuelto.
Ahora que todo lo que fue, nunca será.
He percibido que era amiga de lo muerto,
de lo que nunca alimenta y muerto está.

Cómo puede el sensible, el experto,
no ver, más allá de aquel umbral.
Cómo puede un corazón pensar recuerdos,
no haber sentido, mirado, algo espectral.

¿Es que la luz de lo banal me ha encandilado?
¿Es que no pude sentir, apenas, su desliz?
Tan ciegos son aquellos que no vieron.
Tan ciega estuve, siempre, aunque viví.

Desgajada en cuantas capas fue posible.
Comprendí que el cuchillo, que pelaba, no era ruin.
Capa a capa emanaba lo especial, lo sensible,
lo que vale, lo que reluce, y no tiene fin.

Lo que cubre, aunque, hermoso y deslumbrante.
Que envolvió mi sencillez y mi sentir.
Se hizo añicos, su finísima, cubierta errante.
Quedando, al fin, la gema sin esculpir.

El sabor que me ha quedado de lo muerto,
es amargo y esta viciado de dolor.
Mas, tuve que probarlo, sin remedio,
para captar lo dulce, lo real, escondido en su sabor.

Fruto del árbol más glorioso de la vida.
Fruto prohibido, más aún, acometido.
Ayer, cubierta de la capa más pulida.
Hoy, manzana sin corteza, ni cumplido.

Fabius.-

viernes, 27 de mayo de 2011

El será.


El mar adentrándose en mi ser.
Así será, cuando encuentre, en mí, la paz.
Así, el invierno que vive, morirá.
Colmado de laureles en el tiempo.
De momentos y crepúsculos.
El será.

El sol ardiente, el interminable.
El calor que propaga sin deber.
El será, uno en mí, contagiándome
mi sed, mi estadio mas austral.
El será.

El viento inminente, el suave, el fuerte.
El que lo lleva todo, hasta el olvido.
Hasta la morada de lo infinito.
Por el camino de flores cultivadas.
Por el delirio.
El será.

En el punto que confluyen las aguas.
Cuando entrelazan sus olas, sus espumas.
Formando una sola, una grande, majestuosa.
Que sucumbe a la tranquilidad, a la armonía.
El será.

Punto cúlmine del amor hecho raíces.
Punto mágico en el bosque de cojines.
Allí, donde sábanas parecen meretrices.
Encuentro desesperado por unirse.
El será.

Cuando el alma se sosiega después de ciega.
Cuado la luz del ruiseñor cesa su espera.
Donde el monte del quisiera, se hace calma.
Donde el nido del pensar, nuevo huevo nazca.
El será.

Más allá, de lo inerte en el deseo.
Mas aún, en lo profundo del consuelo.
En el eclipse del Sol y de la Luna, de lo enfermo.
Allí, estará la armonía, sin complicidades con lo muerto.
El será.


En el punto donde ajusta, el pintor, su lápiz.
En el perfecto estado de la mirada fija.
Ni dubitaciones, ni dudas, ni justicias.
Sólo, donde el amor, la hermosura
encuentran su punto de partida.
El será.


En la maravilla del entender lo inexplicable.
Donde ciegos presurosos se cobijan en lo amable.
En el mismo terciopelo del entender, de saber,
de conocer lo miserable, y parecerme bello
más que una flor, más que un destello.
El será.


Fabius.-

jueves, 26 de mayo de 2011

Tus manos, mi niño, tus manos.


Tus manos: manantial que alberga ilusiones.
¡Con un solo encuentro! y espontáneo abrigo.
Rozan mi piel, cual manto atesorado de lana suave.
Fugaz soplo de calor, dulce y sin prisa, que calma,
alivia, conmueve mi corazón, produce mi avaricia.

Esas manos ¡tan pequeñas!, ¡tan grandes!, ¡tan….
especiales, colosales! que atesoro en mi recuerdo.
Cuando, casi, no las tengo, cuando corro a su reencuentro,
cuando tocan mi deseosa piel, de ellas. Solo en un momento.
Porque es preciso obsequiarles, con lo mismo que poseo.

Manos que sujetarse a la vida quisieron desde su mismo despertar.
Desde el minuto álgido del tiempo que comienza, que es vida.
Que aferradas a un pulgar, al de la madre, al de la vida,
sin conocer la razón, solo apretarlas, solo, mil minutos al día.

Y, aunque dormidas y durmiendo, regalan abrigo a mi algarabía.
Producen calor eterno, máximo consuelo, máxima alegría.
Sin despertar su sueño, sin pretender ser. Sin ser prometidas.
Darse al toque del sustento, del calor, de la madre, de la amiga.

Sintiendo, solo, complicidad, sin necesitar el tiempo, sin ver.
Solo soñar, mi niño, tus manos sueñan soñando al toque
de tus manos con las mías, que ofrecidas a ti, sin verbo,
sin comillas, ni suspenso, ¡se entregan hasta al confín!
Hasta el, mismísimo, invierno.

Tus pequeñas, tus grandes, tus entrañables y expertas, manos.
Que preparan mis sentidos para entender lo adorable.
Para saborear el olvido, de aquello, alguna vez vivido.
Para colmarme de primaveras, de veranos, y aún, ser palomas
en el frío.

Te las entrego las mías, inexpugnables, sin tregua, ni leguas.
Te las ofrezco sin medios, sin mitades, sin cortezas.
Aunque de ello estén llenas. Las mías, actrices colman la escena
para ovacionar tu amor, tu esperanza, tu deleite a su presencia.

Mi mejor momento: tus manos cogidas a mí…. dormidas
Solo al roce, pretendiendo mí cobijo, mi calor, para  ti ¡tan conocido!
Tu mejor momento: mi calor, mi crepúsculo…. en tu oído.
El saberme allí, a tu lado, y tú, soñando dormido.


Cogidos los dos, mis manos encierran las tuyas, cerrándolas en flor.
Para invitarte al mundo, para seleccionar el rumbo……juntos.
Siempre de la mano, cuando aceptas mi cobijo, cuando te extiendes,
cuando sigues a las mías, con el ánimo de ser uno…..a mi lado florecido.


Fabius.-

domingo, 15 de mayo de 2011

Romance del campesino y el Olivo.



En el monte del Olivo, nació un campesino errante,
vagabundo y cavilante, peregrino del olvido.
Bajo estrellas y al Olivo, confesó sus duras fustas,
no, porque fueran injustas, sino, por creerlas duras.

El Olivo robusto y bondadoso tendía raíces frescas
para brindar a su amigo reposo, una copa majestuosa
y un tronco más que acolchado,
para un peregrino dormido, soñar pudiera a su lado.

El errante peregrino henchido de pura fuerza,
cobijábase ante el Olivo, por respetar su entereza.
Olivo que del errante, sólo escuchaba y con fuerza,
lamentos del peregrino, que no llevaba a su mesa.

El Olivo ya era viejo, el peregrino, más joven era.
El uno sentía dolores, del otro sorbía sus penas.
Así que regado estaba por la lluvia y el rocío,
también por el peregrino, que le llenaba sus venas.

Y cuanto más caudalosas, las lágrimas escapadas,
más consumía el Olivo: penas, agobios y rabias.
Cuando en tiempo de cosecha y de olivas brotadas,
su aceite no era aceite, era amargura encerrada.

Así, cuando al consumirlo, en ensaladas y salsas
nadie podía evitar, llorar aceite de olivas.
Y al despejarse los ojos. sus dedos aceitados quedaran,
por lo que, al final, decidieron juntar, lágrimas en tinajas.

Sentado bajo el Olivo, el campesino errante,
sabiamente y cavilante, meditó en lo acontecido.
Lloraba ante el Olivo por no perturbar su nido,
pero su tristeza llegaba. Así, lo quiso el destino.


Fabius.- 

sábado, 14 de mayo de 2011

Mi Tsunami.



En el punto más austral de mi horizonte,
donde habita la carcoma y el rocío.
Un Tsunami se prepara en lo profundo,
impetuoso, expectante y febril.

Contenido por murallas de morales,
de conciencia, cobardía o mi fin.
Arrogante provocando una contienda
entre aquello que es deber, entre aquello que es vivir.

¡Que si llega a emerger de sus confines!
¡Que si logra cobrar fuerza por su afán!
Barrería vida y obra de un plumazo,
de las buenas, de las malas y de mi.

Vacía y desolada mi periferia
por su paso, tras mis murallas rehuir.
 Dejaría, para mi, sólo trabajo
de dibujar,  nuevo horizonte de marfil.

Es por ello mis murallas ¡tan grotescas!
Es por ello que resisten gravedad.
Confundidos precaución con la pereza,
del que ve, sólo, metros en el mar.


Fabius.-

miércoles, 11 de mayo de 2011

Mi mutismo.



Mutismo absorto en interrogantes.
interrogantes absortos en dudas.
El sentir que carece de aspirantes
que saciarle puedan, ¡sin ser Judas!

Al minuto y al impacto con lo muerto.
Lo vivido transcurre sin más pesar,
alternando entre lo vívido e incierto
la bella adolece sin poder llegar.

¡Menudas hojas, las del otoño!
¡Las ves? las que nacen y mueren sin parar.
Pero ellas tienen el don de ser retoño,
las mías....aquellas....no saben brotar.

En el punto de partida de lo antiguo,
donde el número de estrellas se acumula.
Allí, sen encuentra, mi mutismo ambiguo,
unas veces calmo.....otras veces gula.

Y trepando por las cumbres que rocosas.
Y escalando sin cordel ni ligadura.
Va cantando mi mutismo en montañosas,
esperando ver la cima.........la cordura.


Fabius.-

lunes, 9 de mayo de 2011

Al suspirar.



Desinflando como globo de helio mis temores,
al compás de las ráfagas del viento turbulento.
Así me quedo........con el frío suculento,
que brotando de mis labios, se ha hecho mi sustento.

Escapándose de mi, sin mi protesta,
escapadas van las crueles pesadillas.
Escondidas, sigilosas y a hurtadillas,
sin mostrarse, si quiera, y sin cuchilla.

Trompetazos en el mundo inaudible
son los ecos, son los gritos, ¡son misiles!
Que cargados de cañones y fusiles,
dan su entrada, transformándose en flautines,

En el baile de la ronda, del adentro y del afuera,
entran y salen, mis suspiros sin cautela,
cual borrachos de la noche y a capela
al hostal de medianoche sin reserva.

Perseguidos por la furia del descanso.
Asechados y cohibidos, por si, llanto.
Correteando por los huecos, entre tanto.
Van buscando trovadores a su canto.

Bocanando bucaneros en mareas de mil diablos.
Cuesta arriba, valerosos y con garbo,
remeros de gran porte y sin estorbo,
van suspiros en mareas suspirando.


Fabius.-

sábado, 7 de mayo de 2011

Al cantar las palabras...



Al cantar las palabras,                                                
al cantarlas.
Nace intento de expresión
incontrolada.

Al cantar mil historias
olvidadas.
Doy recuerdo al olvido
y esperanza.

Porque canto de palabras
que sin voz son escuchadas
cubren cuerpos derrotados
y señales de batallas.

Al cantar las palabras,
al cantarlas.
Siempre inundas
corazones a distancia.

      ______

Al cantar las palabras,
al cantarlas.
Formas ¡mil! ilusiones
y esperanzas.

Al cantar mil historias
olvidadas.
Creas brotes de inocencias
en sus almas.

Porque canto de palabras
que sin voz son escuchadas
dan amor sin miramientos
sin hurgar en las miradas.

Al cantar las palabras,
al cantarlas.
Siempre nacen un sin fin
de más mañanas.


Fabius.-

viernes, 6 de mayo de 2011

Lloviendo estaba la noche.



Lloviendo estaba la noche porque llovía.
Bañando con clara agua, armoniosas balconadas
plenas de geranios, malvones y colmadas
de agua regalada, copiosa, para regarlas.

Lloviendo estaba la noche porque lloviendo.
Pondría nota y música a los eternos,
a los enamorados, refugio, encuentro.
Deleites de medianoche bajo su estruendo.

Lloviendo estaba la noche porque llovizna.
Amainando su caída, para regar sin prisa
las flores de los balcones. ¡De agua están servidas!
Agradecidas y ufanas, ¡última gota! admitían.

Lloviendo estaba la noche porque lluviosa.
Para poner, otra vez, en marcha aquellas cosas.
Las que, bajo el cántico de su sonido
se pueden crear, ¡tantas historias gloriosas!

Lloviendo estaba la noche porque lloraba.
Al ver ventanas cerradas, habitaciones en calma.
Al ver, noche oscura sin luces.
Sin, ser, que sus aguas bañara.

Lloviendo estaba la noche porque soñaba.
Con acompañar el sueño, en una noche estrellada
de alguna piel que en silencio,
por ella, fuera acunada.

Lloviendo estaba la noche porque llovía,
porque lloraba, porque soñaba,
porque reía, al ver, al día que sigue
recordarla y ansíe esperarla.

Fabius.- 

Si pudiera.



Al despegar del suelo y verte desde mi cima,                            
pudiera cobijarte, pudiera llenarte de rima,
pudiera darte lo que no debo, lo que no grita,
pudiera darte mis saberes........y mi alegría.

Si pudiera, enlazaría las estrellas... las que brillan.
Te las enviaría sobre corriente de soplo, si callan.
No sabrías de su caricia, no sabrías de mi.
Sabrías del calor de mi aliento sobre ti.

Al alejarme de tu andar cotidiano, de tu rutina.
Regalarte mis ojos, quisiera, y con su retina
verías el cosmos, majestuoso, ante tus ojos.
Serías más que feliz. Y yo, tu llanto copioso.

Al elevarme, si pudiera, al volar, hacerte feliz.
Aunque mi ausencia fuese un presente desliz.
Aunque mi existencia no existiera sin ti.
Si pudiera, daría mi todo, sólo por verte reír.

Y llenarte de colores vistosos los recuerdos.
Si pudiera hacerme con ellos....con tus recuerdos.
Hilaría cada uno, con colores, en agujas
para reparar tus heridas y agujeros de tus dudas.

Movería con un dedo, montañas a empujones,
para apartarlas de tu camino. Y mis perdones
te los daría encantada. Para conseguir la salvia
que calmaran ¡mil montañas! empujadas.

Y pretender ser un atisbo de tu suerte
y ,sólo, un palpito de tu inconsciente.
Pretendiendo, constante y fervientemente,
sientas la paz, el amor.....hasta la muerte.


Fabius.-

jueves, 5 de mayo de 2011

¡Que veladas tan hermosas!, que baladas.



¡Que veladas tan hermosas!, que baladas.                                             
Siempre rociadas de encanto… Enamoradas.
Del amor, del latir, del sosiego.
Que en el caprichoso mundo del ciego,
sentidos perfectos, se abren a oír.

¡Que veladas tan hermosas!, que baladas.
Empapadas de notas gentiles y acabadas.
Para deleite de tus oídos, tus complejos,
para hacerte danzar frente al espejo.
Viaje abstracto, preparando tú partir.

¡Que veladas tan hermosas!, que baladas.
Dulzores armoniosos, transformándose en hadas
que te llevan de la mano. Allí…. lejos.
Donde no cabe más, que su cortejo,
donde un alma extasiada, esquiva  rehuir.

¡Que veladas tan hermosas!, que baladas.


Fabius.-